
El pasado fin de semana quedé traumatizada de por vida. Os preguntaréis ¿cuál es la razón? Pues bien, la razón fue ver a un niño viendo el encantador programa que emite Cuatro, “WWF”. ¿Qué decir? Poco. Me dolieron más a mi los golpes que a los “luchadores”. Sí, entre comillas, porque un luchador es aquel que lucha ante las adversidades de la vida, no quien lo utiliza como medio de recreo, ocio o disfrute del tiempo libre. Me parece muy cuestionable que a “algo” así por no saber ni como llamarlo, se le denomine deporte. ¿A dónde vamos a llegar? Bastante duro es ver deportes institucionalizados a nivel mundial, en donde jugadores y adversarios, jugadores del mismo equipo e incluso los espectadores pasivos y no tan pasivos acaben a golpes e incluso cobrando algo tan valioso como la propia vida. Realmente es algo lamentable. Las cosas más bonitas están perdiendo su valor por completo, ¿nadie se para a pensar en el sentido de las cosas? ¡Esto es alucinante! Luego dicen de acabar con la violencia… risa me da a mi, por no ponerme a llorar, de los procesos de negociación o la programación tan grata e ilustrativa que emiten los grandes medios de masas que tanta influencia tienen… Qué fácil es pensar cambiar el mundo mientras que a nadie se le ocurre cambiarse a si mismo.


